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	<title>Cosas de la vida - elPeriodico.com &#187; GRAN BARCELONA</title>
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	<description>La opinión de los expertos de El Periódico sobre la actualidad internacional, política y económica</description>
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		<title>Sé cómo murió Gaudí</title>
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		<pubDate>Thu, 07 Jun 2012 18:06:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carles Cols</dc:creator>
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		<description><![CDATA[&#8220;Esa noche McNair, Cottman y yo dormimos en un herbazal que había junto a un edificio abandonado....]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_2037" class="wp-caption alignnone" style="width: 526px"><a href="http://cosasdelavida.elperiodico.com/wp-content/uploads/2012/06/temple_dins.jpg" class="liimagelink"><img class="size-full wp-image-2037" title="Templo caodaista de Thay Ninh. Foto: MIKEL GONZÁLEZ." src="http://cosasdelavida.elperiodico.com/wp-content/uploads/2012/06/temple_dins.jpg" alt="Templo caodaista de Thay Ninh. Foto: MIKEL GONZÁLEZ." width="516" height="387" /></a><p class="wp-caption-text">Templo caodaista de Thay Ninh. Foto: MIKEL GONZÁLEZ.</p></div>
<p>&#8220;Esa noche McNair, Cottman y yo dormimos en un herbazal que había junto a un edificio abandonado. Hizo una noche muy fría para esa época del año y no descansamos demasiado. Recuerdo las largas horas que pasamos deambulando por ahí, haciendo tiempo para tomar una taza de café. Por primera vez desde que llegué a Barcelona fui a echar un vistazo a la catedral, un templo moderno y uno de los edificios más espantosos del mundo. Tiene cuatro agujas almenadas con forma de botella de vino. A diferencia de la mayoría de iglesias de Barcelona, no había sufrido daños durante la revolución; la gente decía que la habían conservado por su ‘valor artístico’. En mi opinión, los anarquistas demostraron tener muy mal gusto al no volarla por los aires cuando tuvieron la ocasión, aunque colgaron una bandera roja y negra entre sus torres&#8221;.</p>
<p>Lo escribió <strong>George Orwell</strong> tras huir de la caza y captura que el estalinismo había organizado en Barcelona contra los milicianos del POUM. Me hubiera gustado incluir ese fragmento de <em>Homenaje a Catalunya</em> en un <a href="http://www.elperiodico.com/es/noticias/barcelona/barcelona-condena-turismo-guerra-civil-clandestinidad-1871141" target="_blank" class="liexternal">reciente artículo</a> que días atrás tuve el placer de dedicar a <strong>Nick Lloyd</strong> en EL PERIÓDICO. La verdad es que allí no encajaba, porque la pieza trataba en esencia de cómo <strong>Lloyd</strong> había encontrado una veta prácticamente intacta en las minas del turismo barcelonés al descubrir que nadie le había prestado apenas atención a la posibilidades de rememorar a pie de calle los movidos años 30, en especial los de la guerra civil, con sus espías, milicianos, balaseras, ajustes de cuentas y, sobre todo, a ese corto periodo en el que el anarquismo pasó de la teoría a la práctica. &#8220;En las barberías había carteles anarquistas (casi todos los barberos lo eran) que explicaban solemnemente que los barberos había dejado de ser esclavos. En las calles, llamativos carteles animaban a las prostitutas a dejar de prostituirse&#8221;, se sorprendía <strong>Orwell</strong>.</p>
<p>La cuestión es que esa demoledora opinión del autor de <em>1984</em> y <em>Rebelión en la granja</em> sobre la fealdad de &#8220;la catedral&#8221; allí no cabía, y menos aún si tenía que dedicar el espacio a aclarar que <strong>Orwell</strong> en realidad no se refería a la gotiquísima fachada del siglo XX de la Catedral, sino a que huyendo de sus perseguidores fue a dar de bruces nada menos que contra la Sagrada Familia.</p>
<p>Total, que se quedó en el tintero hasta que el 7 de junio, tras releer por puro placer el prólogo que en su día le dedicó <strong>Jorge Luis Borges</strong> a las <em>Crónicas marcianas</em> del recién finado <strong>Ray Bradbury</strong>, fui yo quien se dio de bruces con <a href="http://www.elperiodico.com/es/noticias/barcelona/monumento-ahogado-1887741" target="_blank" class="liexternal">un texto arquitectónicamente impecable</a> de <strong>Carlos Márquez</strong> sobre la Sagrada Família, con el que no puedo estar más que en desacuerdo, lo cual no es incompatible con el elogio.</p>
<p>Soy de los que cree que lo mejor que podrían hacer las torres de la Sagrada Familia es despegar rumbo a Marte en busca de frutas doradas que crecen en paredes de cristal. Hubiera sido realmente hermoso, a la par que práctico, que así sucediera en el mismo instante en que <strong>Bradbury</strong> expiró, pero a la mañana siguiente la Sagrada  Familia ahí seguía. Lo sé porque soy vecino de la cosa.</p>
<p><strong>Márquez</strong>, sin embargo, consiguió sorprenderme. Puso sobre la mesa un par de puntos de vista que invitan a la reflexión, y eso en los tiempos periodísticos que corren es mucho.</p>
<p>En primer lugar, recordó que el templo expiatorio estaba allí antes que sus vecinos. Es verdad. Las fotos lo atestiguan.</p>
<p>En segundo lugar (ahí <strong>Márquez</strong> le echa un par de pináculos, hay que admitirlo) plantea que tal vez el problema es que el urbanismo calcutiano de Barcelona no ha respetado a esta obra de <strong>Antoni Gaudí</strong> como sí lo hicieron, por ejemplo, Pisa con su <em>Torre pendente</em> y Paris con la torre Eiffel gracias a los magníficos espacios para la contemplación que ofrecen, respectivamente, la Piazza dei Miracoli y el Parc du Champs de Mars (¡oh!, Marte otra vez. Tal vez la torre Eiffel sí haya despegado).</p>
<p><strong>Márquez</strong>, lo advierto antes de proseguir y para evitar malentendidos, es un buen compañero de trabajo. Admiro sus ganas de no defraudar jamás a los lectores, pero a mí, que me incluyo entre ellos, me ha colocado como a un <strong>Julio César</strong> ante el Rubicón.</p>
<p><em>Alea jacta est</em>. Ahí voy.</p>
<p><strong>Elíes Rogent</strong> fue profesor de <strong>Gaudí</strong> en la Escuela de Arquitectura de Barcelona allá por el año del catapum. Se le atribuye una frase que, según se mire, sigue sin respuesta. &#8220;El tiempo dirá si le hemos dado el título a un genio a un loco&#8221;.</p>
<p>En los años 80, un grupo de intelectuales organizó unas pintorescas protestas frente a la fachada principal de la llamada en su tiempo <em>catedral de los pobres</em> para que alguien pusiera fin a lo que consideraban un disparate, es decir, el progreso de las obras de construcción. Altavoz en mano trataban de dar una respuesta a ese viejo profesor de <strong>Gaudí</strong>. Fue en vano.</p>
<p><strong>Rogent</strong> no vivió lo suficiente como para llegar a su propia conclusión personal. Cuando murió, en 1897, hacía apenas 14 años que <strong>Gaudí</strong> había heredado el encargo de construir un templo expiatorio en el futuro Eixample. El proyecto inicial era una catedral neogótica, presumiblemente un espanto visto en que terminó por degenerar ese estilo impostado que trataba de recuperar no se sabe muy bien qué glorias del pasado. Gaudí no conservó ni un trazo de esos planos originales y se puso a lo suyo, al exceso que tan buena acogida había tenido entre las familias burguesas de la ciudad su arquitectura civil, con la excepción de la Casa Milà, despectivamente rebautizada como la Pedrera. Así nació el proyecto de la Sagrada Familia.  Era un producto de su tiempo, pero en el año 2012 las obras continúan y, sin ánimo de ofender, creo que cada año que pasa se aleja más de alcanzar la elegancia de la  torre Eiffel o de la torre de Pisa. Lo siento, <strong>Carlos</strong>.</p>
<p>En Vietnam, río arriba por el Mekong, hay un horror, y no pienso en el coronel <strong>Kurtz</strong>. Esta en Thay Ninh. Se trata del mayor templo del culto caodaista, una religión con unos ocho millones de practicantes en el mundo que decidió llevar el concepto de lo ecuménico a lugares inexplorados, pues no solo creen al alimón en las enseñanzas de <strong>Moisés</strong>, <strong>Jesucristo</strong>, <strong>Mahoma</strong>, <strong>Buda</strong>, <strong>Lao Tsé</strong> y<strong> Confucio</strong>, sino que añaden además a ese cóctel la veneración a personajes como <strong>William Shakespeare</strong>, <strong>Juana de Arco</strong> y <strong>Winston Churchill</strong>. Yo, tan desconcertado como el capitán <strong>Willard </strong>ante el coronel <strong>Kilgore</strong><a href=" http://www.youtube.com/watch?v=gUDShxRWniw" target="_blank" class="liinternal"> (&#8220;…aquella colina olía a… victoria&#8221;)</a>, afirmo que estuve en 1991 paralizado ante la escultura que los caodaísta tienen dedicada a Victor Hugo en su particular Sagrada Familia de Vietnam. Por gentileza de <strong>Mikel González</strong> puedo ilustrar con una muy descriptiva foto qué aspecto tiene ese templo al que de forma creciente se acercan cada día más turistas de paso por la antigua Indochina, supongo que en busca de esa estupefacción que también encuentran en Barcelona.</p>
<p>Aquel insólito centro de culto del lejano oriente resistió el paso de la guerra de Vietnam igual que la Sagrada Familia lo hizo primero a la  Setmana Tràgica de 1909 y, después, a la orgía anticlerical de 1936, por mucho que le pesara a <strong>Orwell</strong>. Son, en cierto modo, edificios con vidas paralelas.</p>
<p>También yo tengo, creo, mi pequeña conexión con<strong> Gaudí</strong>.</p>
<p>El sentido común me aconseja que a partir de aquí dejen de ya de leer, si no lo han hecho ya por lo excesivo del texto. Lo que a continuación viene es solo una anécdota personal muy bochornosa que, pasados los años y la vergüenza inicial, me ha permitido encontrarle un título a esta entrada del blog.</p>
<p>El incidente sucedió durante el caluroso verano del 2002. Entonces vivía al lado de la confluencia de la Gran Via y la calle de Bailén y, como era habitual, al llegar a casa de noche encontré la nevera vacía.</p>
<p>Tenía una solución habitual y fácil en estos casos. Ir a un restaurante de la esquina, el Xampú Xampany, que para mi fortuna tenía al lado de la barra, dentro del local, una pequeña tienda con material de excelente calidad a la venta para casos de emergencia. Allí fui con, exclusivamente, mis abarcas, un pantalón viejo y una camiseta. Subrayo lo de exclusivamente porque al salir de la tienda vi que el semáforo parpadeaba, me puse a correr, pero con tan mala fortuna que con la luz de las motos y los coches enfocándome descubrí que no me había abotonado la  bragueta. Algo no estaba en su sitio. El dilema era morir atropellado por pararme en mitad de la Gran Via para recolocar mi honor o brindarle la oportunidad a los conductores de llegar a casa con el relato de que acababan de cruzarse con un loco exhibicionista que llevaba a cabo su insana afición con una barra de pan en una mano, una lata de <em>knackige bayern deftig</em> alemanas (las recomiendo) en la otra y todo lo demás que es innecesario describir aquí.</p>
<p>Sigo vivo. Es obvio. <strong>Gaudí</strong> no. Fue atropellado por un tranvía en ese mismo lugar. Iba vestido como un mendigo, sin documentación. Eso terminó de matarle. Yo tampoco llevaba documentación, y mi aspecto dejaba mucho que desear. Tal vez solo la etiqueta del precio de las salchichas me hubiera salvado, llegado el caso, de ser enviado al antiguo Hospital de la Santa  Creu como le sucedió al más superlativo de los modernistas catalanes.</p>
<p>Lo dicho. Sé cómo murió <strong>Gaudí</strong>, y también, como vecino de la Sagrada Familia, que ese monumento no morirá por falta de espacio, como sugiere <strong>Márquez</strong>, sino de algo que muchos creen que es éxito pero no es más que el horror…el horror…</p>
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		<title>No, pero me gustaría verlas</title>
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		<pubDate>Wed, 30 May 2012 16:02:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Helena López Vallejo</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La educación libre es una filosofía pedagógica basada en el &#8220;respeto a la naturaleza de los niños&#8221;,...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_2015" class="wp-caption alignnone" style="width: 526px"><a href="http://cosasdelavida.elperiodico.com/wp-content/uploads/2012/05/perro-dins.jpg" class="liimagelink"><img class="size-full wp-image-2015 " title="Un perro con mirada triste frente al canódromo de la Meridiana. FOTO: EDWIN WINKELS" src="http://cosasdelavida.elperiodico.com/wp-content/uploads/2012/05/perro-dins.jpg" alt="Un perro con mirada triste frente al canódromo de la Meridiana. FOTO: EDWIN WINKELS" width="516" height="250" /></a><p class="wp-caption-text">Un perro con mirada triste frente al canódromo de la Meridiana. FOTO: EDWIN WINKELS</p></div>
<p>La educación libre es una filosofía pedagógica basada en el &#8220;respeto a la naturaleza de los niños&#8221;, donde no se agrupa a los pequeños por edades y no se les obliga a aprender una determinada lección en un determinado momento. Cada niño sigue su ritmo, y el aprendizaje parte de las necesidades y los intereses de estas personitas. En Catalunya existían en el 2007 una decena de proyectos con esta particular concepción de la enseñanza, en la que los padres &#8220;militan&#8221; en la educación de sus pequeños. Puede que hayan leído sobre el tema. Seguramente no en este periódico.</p>
<p>Uno de los temas que descansa  más al fondo de mi cajón (el inductor de este ejercicio <a href="http://cosasdelavida.elperiodico.com/gran-barcelona/%c2%bfha-visto-usted-mis-tetas/" target="_self" class="liinternal">es un periodista riguroso</a>, tengo cajón; tres cajones, en realidad), desde marzo del 2007, va precisamente sobre eso. Lo guardo sin título, aunque seguro que aquel momento rondaban varios por mi cabecita loca. No acabé de decidirme por ninguno a la espera de la maqueta, supongo. Maqueta que nunca llegó, por supuesto. ¿Por qué si no iban a permanecer estos papeles en mi cajón? En aquella época, que parece aún más lejana viendo los merges y los notes que salpican el texto (extraños signos que requería en antiguo editor de textos del diario para convertir los carácteres en negritas o cursivas), yo era poco más que una becaria. Poco menos que lo que soy ahora, vamos. El responsable de que mi casi ópera prima siga en este mi cajón es el mismo que ahora me hace recuperarla: mi admirado <strong>Carles Cols</strong>, en aquel entonces responsable de la sección de Sociedad, donde yo pretendía publicar dicho artículo. La venganza es un plato que se sirve frío, ya saben; y no recordaría esta historia si no hubiera sido porque el maestro Cols, que me perdone <strong>Puyal</strong>, ha sacado a relucir mi cajón en su último post, que pueden leer en este mismo espacio (&#8220;<strong>Helena López</strong>, periodista de muy recomendable lectura -también tiene cajones-, me critica a menudo porque como un <strong>Hildy Johnson</strong> de pacotilla escondo lo que quiero decir más allá del segundo párrafo&#8221;).</p>
<p>Pero esto en realidad debía ir de crisis y perros, tema sobre el que, como el profesor, yo también tengo una anécdota que contar. Precisamente este fin de semana un conocido me comentaba su particular visión sobre la humanidad. Qué nos ha arrastrado hacia la apocalíptica situación económica y social actual. Resumía su tesis con un &#8220;somos animales; chuchos venidos a más&#8221;. Culpen de nuestra deriva al &#8220;venidos a más&#8221; no a nuestras raíces perrunas, claro.</p>
<p>¿El por qué del título del<em> post</em>? Ah, ¿pero tenía que tener relación con el texto, maestro?</p>
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		<title>¿Ha visto usted mis tetas?</title>
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		<pubDate>Tue, 29 May 2012 14:53:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carles Cols</dc:creator>
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		<description><![CDATA[No tengo muchas historias perrunas que contar, pero tengo un motivo para sacar un par de ellas...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_1989" class="wp-caption alignnone" style="width: 526px"><a href="http://cosasdelavida.elperiodico.com/wp-content/uploads/2012/05/metro-animal-dins.jpg" class="liimagelink"><img class="size-full wp-image-1989" title="Un perro en el metro de Barcelona. AUTOR: RAMON CURTO." src="http://cosasdelavida.elperiodico.com/wp-content/uploads/2012/05/metro-animal-dins.jpg" alt="Un perro en el metro de Barcelona. AUTOR: RAMON CURTO." width="516" height="317" /></a><p class="wp-caption-text">Un perro en el metro de Barcelona. AUTOR: RAMON CURTO.</p></div>
<p>No tengo muchas historias perrunas que contar, pero tengo un motivo para sacar un par de ellas del cajón (metafóricamente, claro, porque en el último traslado de mesa dentro de la redacción del diario me quedé sin cajonera). La cuestión es que ya había expresado tiempo atrás mi sana envidia por el juego que el inglés <strong>Paul Middlewick</strong> propuso en su día a los usuarios del metro de Londres. Les planteó el reto de observar el plano del suburbano de la ciudad como quién sobrevuela las líneas de Nazca en busca de figuras ocultas. Animales. Siluetas de animales. Ese era el juego que propuso <strong>Middlewick</strong> y cuyo <a href="  http://www.animalsontheunderground.com/index.html" target="_blank" class="liinternal">resultado</a> puede disfrutarse a través de internet. El caso es que quiero darle las gracias a <strong>Ramon Curto</strong>, compañero de trabajo que tampoco tiene cajones (¡pero tiene armarios!), porque ha descubierto un perro en el plano del metro de Barcelona. Como inexperto en la materia me atrevo a decir que es la raza chucho.</p>
<p><strong>Ramon</strong> no es hombre de letras. Es más bien de rayas. Trabaja en el estupendo departamento de infografía de EL PERIÓDICO, buena gente que se maneja con un Apple como <strong>Guillermo Tell</strong> con su ballesta, pero que llegado el caso te traspasa la enorme responsabilidad de hacerte cargo de un animal de compañía y ni siquiera se le ha ocurrido antes ponerle nombre. No es un problema. Siempre he tenido un nombre previsto para el perro que jamás voy a tener por mucho que mis hijas insistan en ello. Les he dado razones de todo tipo. Horarios de paseo, higiene, falta de espacio… La que más las desarma, no obstante, es la convicción con la que les digo que, llegado el caso, el perro se llamaría Mis Tetas, como el protagonista de uno de los chistes más longevos de la historia de España. En los patios de las escuelas aún lo cuentan. Como diría <strong>Vizzini</strong>, inconcebible.</p>
<p>Propongo sin vergüenza ese nombre para el can descubierto por <strong>Ramon</strong> porque un día, camino de un debate parlamentario (lo cuento tal cual sucedió), vi en el parque de la Ciutadella a un hombre que paseaba a su mascota con un collar hecho con longanizas. Eran de plástico, pero parecían sabrosas. Si él pudo, yo también.</p>
<p>Aquel fugaz encuentro, por cierto, ocurrió además minutos antes de que diera comienzo el debate de los primeros presupuestos de <strong>Antoni Castells</strong> como conseller d’Economia. Qué tiempos. Se ataba a los perros con longanizas. Desde Catalunya se subvencionaba a los jíbaros de Ecuador para que su lengua no corriera la misma suerte que las cabezas de sus enemigos. Un millón de euros. ¡Toma ya! Al presidente de la Generalitat, de viaje por China y Japón, le surgía de repente la necesidad de asistir a un partido de la selección catalana de hockey sobre patines en Macao y allá se iba él, con sus escoltas y jefes de protocolo. El viaje sin Macao costaba 293.525 euros. Con la extensión a la excolonia portuguesa, 23.697 más. Qué tiempos. Yo hasta tenía cajones.</p>
<p>Fue entonces, más o menos, en aquellos días felices en los que la crisis ni se intuía, que Catalunya tuvo la controvertida idea de convertir las perreras municipales en pensiones caninas en las que el sacrificio de los animales está prohibido. Aquella ocurrencia nos cuesta unos 50 millones de euros al año. Intuyo que más pronto que tarde alguien reparará en ello. Algún alcalde echará cuentas y afilará la guadaña.</p>
<p>En realidad ahí quería llegar. El perro de Ramon era solo una excusa. <strong>Helena López</strong>, periodista de muy recomendable lectura (también tiene cajones), me critica a menudo porque como un <strong>Hildy Johnson</strong> de pacotilla escondo lo que quiero decir más allá del segundo párrafo. Tiene razón. Esta vez más que nunca, pero es que no es fácil dar un paso a favor de que se ponga fin a este disparate y pedir que se vuelva a la casilla de salida, para que todo el mundo tenga claro que si abandona a su mascota, salvo que se le encuentre un nuevo dueño, morirá sacrificada.</p>
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		<title>El sinsentido común de Monago y Trias</title>
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		<pubDate>Wed, 09 May 2012 12:06:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carles Cols</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Del Duelo a garrotazos de Francisco de Goya se ensalza a menudo, y es cierto, lo premonitorio...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_1967" class="wp-caption alignnone" style="width: 526px"><a href="http://cosasdelavida.elperiodico.com/wp-content/uploads/2012/05/goyadins.jpg" class="liimagelink"><img class="size-full wp-image-1967" title="'Duelo a garrotazos', de Goya." src="http://cosasdelavida.elperiodico.com/wp-content/uploads/2012/05/goyadins.jpg" alt="'Duelo a garrotazos', de Goya." width="516" height="370" /></a><p class="wp-caption-text">&#39;Duelo a garrotazos&#39;, de Goya.</p></div>
<p>Del <em>Duelo a garrotazos</em> de Francisco de Goya se ensalza a menudo, y es cierto, lo premonitorio del cuadro, la intuición del pintor de que el sino de España era y sería siempre un inevitable y a veces violento pulso entre conservadores y progresistas, un destino que cuando no tiene la oportunidad de expresarse en forma de guerra civil lo hace en forma de exabrupto, por ejemplo con un presidente autónómico como el extremeño José Antonio Monago retando al alcalde Xavier Trias a tener &#8220;<em>collons</em>&#8221; (en realidad dijo &#8220;<em>cohllongs</em>&#8220;) y decirle las cosas a la cara. El tabernario arrebato lo tuvo Monago después de que Trias se preguntara si tiene sentido que en tiempos de durísimos recortes se mantengan proyectos como el de llevar el AVE hasta Extremadura.</p>
<p>Lo fácil sería ridiculizar a Monago. Paso. Lo tentador es no darle gratis la razón a Trias, más que nada recordar solo un par de cuestiones a la vista de que, primero, el propio alcalde ha insistido en la cuestión (&#8220;no es cuestión de atributos, es cuestión de sentido común y de pensar cómo se gasta el dinero para que todos podamos salir de la crisis&#8221;) y, segundo, que el portavoz del Govern, Francesc Homs, ha salido en defensa de su compañero de partido y ha exigido al Gobierno central en nombre de la Generalitat que cualquier gran infraestructura vaya precedida de un serio estudio que evalúe los costes y los beneficios.</p>
<p>Sin ánimo de ser exhaustivo, ahí voy.</p>
<p>La tesis es la siguiente: Barcelona, su área metropolitana y, ya puestos, el resto de Catalunya no tiene una red de alta velocidad de la que sus padres, entre ellos los dirigentes de CiU, deban enorgullecerse, o lo que es lo mismo, que les conceda no se qué autoridad moral para dar lecciones a Extremadura.</p>
<p><strong>Primero</strong>: la Convergència de Trias fue la que en su día, como opción, propuso que la estación central de AVE en Barcelona estuviera en Sant Cugat del Vallès. Tan normal le parecía aquel disparate que, cuando el Gobierno central quiso que la línea entre Madrid y Barcelona fuera lo más corta posible, la federación nacionalista protestó y logró que la ruta entre Lleida y Barcelona no fuera directa, sino que las vías se desviaran en dirección a Tarragona, pero a costa de que la estación quedara fuera del casco urbano, en tierra de nadie. El secretario de Estado de Infraestructuras que José María Aznar puso al frente de la gestión de ese desaguisado era Albert Vilalta, exconseller de Jordi Pujol. Aprovecho que Vilalta es de Reus para encajar aquí lo que debería ser una nota a pie de pagina.</p>
<p>El Ayuntamiento de Reus exhibía tiempo atrás (y supongo que ahí sigue) en la zona de acceso a la alcaldía un enorme boceto de un proyecto que la capital del Baix Camp quiso llevar a cabo creo que a principios del siglo XX. El plan era abrir un canal desde el mar hasta prácticamente el centro de la ciudad para que Reus tuviera su propio puerto desde el que dar salida a su entonces rica vida comercial. Usar el puerto de Tarragona parece que se consideraba indigno. A la vista de dónde el PP, con la bendición de CiU, decidió construir la estación del AVE en Tarragona, aquel proyecto del puerto de Reus hasta me parece razonable.</p>
<p><strong>Segundo:</strong> Desestimado el disparate de que la estación central del AVE en Barcelona estuviera en Sant Cugat, el debate no decayó. La apuesta inicial del Ayuntamiento de Barcelona era que Barcelona tuviera una única estación en la Sagrera, a la que se llegaría través de las aguas del puerto. Requería que los ingenieros le echaran <em>cohllongs</em>, pero era más barato, al parecer, que perforar la  ciudad. Aquella solución se desestimó porque el Ministerio de Fomento, el Govern de la Generalitat y ese extraño poder fáctico que era entonces el socialismo del Baix Llobregat decidió que el AVE tenía que llegar a la Estación de Sants. ¿Han intentado ustedes aparcar un todoterreno ahí donde solo cabe un utilitario? Pues en eso consistió la operación Sants.  Una exhibición de tozudez que dio paso al siguiente irracional debate.</p>
<p><strong>Tercero:</strong> Decidido que el AVE llegaría a Sants y que su paso por el Baix Llobregat se aprovechara para alicatar la comarca, lo normal era preguntarse cómo se llegaría después hasta Francia. Pues como si de practicar el sexo de forma inconsciente se tratara, marcha atrás, volver a salir por donde se había venido y cruzar el Vallès en una estúpida pérdida de tiempo.</p>
<p><strong>Cuarto:</strong> Personalmente, este es mi punto preferido, pues el Ayuntamiento de Barcelona perseveró en su propósito de que la gran estación central de la ciudad fuera la Sagrera. Convenció a Fomento de esa gran terminal se pagaría con la enorme operación inmobiliaria que se llevaría a cabo en los terrenos que Adif tenía allí dormidos, y así nació, sobre los planos, el túnel que tenía que cruzar el Eixample para que Barcelona tuviera no dos, sino ¡tres estaciones del AVE!, pues ya puestos se antojó como una feliz idea abrir un apeadero en el paseo de Gràcia. CiU (eso es lo fascinante de este cuarto punto) aplaudió con entusiasmo esa propuesta, pero cuando se impuso el sentido común económico y se descartó el proyecto del apeadero, la federación nacionalista se volvió de repente el enemigo público número uno del tunel por el Eixample con la tesis de que ponía en peligro la Sagrada   Família. Creo que aún no le han pedido perdón al gremio de los ingenieros.</p>
<p>Quinto: Con todo, aún no se ve la luz al final del túnel.</p>
<p>La pregunta, llegados a este punto, dónde está el estudio que evalúa el equilibrio entre los costes y los beneficios de la red del AVE en Catalunya.</p>
<p>No son ganas de darle la razón al presidente de Extremadura, porque llevar el AVE hasta esa comunidad es tan absurdo como construir un aeropuerto en Castellón, pero la red de alta velocidad de Catalunya no está como para darle lecciones nadie.</p>
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		<title>&#8220;Un elefante, mi reino por un elefante&#8221;</title>
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		<pubDate>Thu, 19 Apr 2012 09:33:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carles Cols</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La supuesta muerte de un elefante a manos del rey me pilló en un ir y venir...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_1955" class="wp-caption alignnone" style="width: 500px"><a href="http://cosasdelavida.elperiodico.com/wp-content/uploads/2012/04/elefant.jpg" class="liimagelink"><img class="size-full wp-image-1955" title="Medicina alternativa paquidérmica." src="http://cosasdelavida.elperiodico.com/wp-content/uploads/2012/04/elefant.jpg" alt="Medicina alternativa paquidérmica." width="490" height="318" /></a><p class="wp-caption-text">Medicina alternativa paquidérmica.</p></div>
<p>La supuesta muerte de un elefante a manos del rey me pilló en un ir y venir agotador al Zoo de Barcelona. <strong>Manuel Aresté</strong>, biólogo responsable del terrario, tuvo la amabilidad (“gracias, gracias, gracias, una vez más”) de invitarme a un acontecimiento que para un parque zoológico es poco menos que el paso del cometa Halley para un astrónomo. Era el primer intento de apareamiento entre una pareja de dragones de Komodo. En el caso de Barcelona, la primera vez en 120 años. Fue tan emocionante como desconcertante. El coito no era abierto al público, así que, en un primer momento y espero que me perdone por la comparación, <strong>Aresté</strong> parecía la <strong>Juani</strong> de la Sala Bagdad, con la salvedad de que afortunadamente era imposible que nos invitaran a subir al escenario. Esa fue la primera impresión. La segunda, la desconcertante. tuvo lugar cuando –estoy seguro de ello, y así se lo hice saber a <strong><em>Juani</em> Aresté</strong>— el macho, <strong>Guntur</strong>, pareció alcanzar un orgasmo. Aquella bestia sonrió, mientras ella, <strong>Asmara</strong>, mantenía cerrados los ojos hasta que, fue solo un instante, los abrió y me miró. ¿Qué es lo que aquel temible animal vio? Pues supuse de inmediato que un piscolabis, un tentempié, ya que en su hábitat natural, aunque sea solo ocasionalmente, los hombres forman parte de la dieta de ese gran reptil. Los dragones de Komodo del zoo se entregaban al placer en presencia de una decena de humanos como <strong>Jessica Lange</strong> y <strong>Jack Nicholson</strong> en <em>El cartero siempre llama dos veces</em>, es decir, indiferentes a la mirada de los tarros de mermelada de los estantes.</p>
<p>Esa tonta reflexión se quedó en modo pausa en mi mente hasta que supe de las peripecias del rey de la selva en Botsuana, y como siempre en estos casos me llamó más la atención el personaje secundario, el elefante, que el sin duda protagonista de la historia, el monarca.</p>
<p>No está escrito que el Rey llevara a cabo, en su interrumpido safari, su misión de terminar con la vida de un elefante, pero convencido de que a un hombre se le puede conocer en parte por cómo se relaciona con los animales dediqué parte de la noche del domingo a localizar en casa mi brevísima colección de literatura sobre paquidermos. Está compuesta por un solo libro, <em>Burmese Timber Elephant</em>. Fue en su tiempo una obra muy popular en Birmania. El autor, <strong>U Toke Gale</strong>, al parecer exguarda forestal, volcó allí todo su enciclopédico saber sobre la cría, alimentación, procreación y uso como animal de carga de los elefantes de su país. Mención especial merece la página 24, en la que detalla los 82 puntos que es necesario conocer si uno se atreve a practicarle una sesión de acupuntura a su mascota de siete toneladas.</p>
<p>La búsqueda de esa rareza editorial tenía en realidad como propósito recuperar unas pocas cuartillas que no sé cuándo se me ocurrió guardar dentro de aquel libro con breves y tristes historias de elefantes famosos, que dan mucho que pensar sobre algunos de nuestros congéneres, por muy reales que sean.</p>
<p>La primera de la hojas no tuve estómago para releerla de pe a pa. Estaba dedicada al triste final que dispensó <strong>Thomas Alva Edison</strong> a la elefanta <strong>Topsy</strong>, una hembra enloquecida por el maltrato que recibía en el parque en el que era exhibida y que, tras matar a uno de sus crueles cuidadores, se acordó que tenía que ser sacrificada. Eso sucedía en el año 1903. Se decidió que, ya puestos a convertir el ajusticiamiento en un espectáculo, se podía ahorcar al animal, pero las organizaciones de defensa de los animales se opusieron a tal disparate. En cambio, no les pareció mal la solución que les ofrecía <strong>Edison</strong>. El célebre inventor (un personaje despreciable a poco que se sepa sobre él) mantenía entonces un pulso científico descomunal con otro rarito de aquella época, <strong>Nikola Tesla</strong>. La discusión no era de esas que se tienen en la sobremesa de casa. La cuestión era dilucidar si era mejor la corriente continua o la alterna. Para rebatir a su oponente y demostrar que la alterna, patentada por <strong>Tesl</strong>a, era un peligro, <strong>Edison</strong> incluyó en su infinito catálogo de inventos la silla eléctrica, y a<strong> Topsy</strong> le toco en suerte demostrar su eficacia. <strong>Edison</strong>, que también exploraba entonces las oportunidades del mundo del cine, rodó esa miserable ejecución, que aún hoy es posible recordar. <em>Electrocuting an elephant</em>. Así se llama la peliculilla.</p>
<p>Elefantes célebres ha habido muchos. <strong>Jumbo</strong>, por ejemplo, fue especialmente famoso durante la segunda mitad del siglo XIX. Nació en 1860 en Etiopía y murió en Canadá, en 1885, atropellado por un tren. Menudo epitafio. Su popularidad, en cualquier caso, fue tan descomunal como su tamaño, pues desde entonces la palabra jumbo ha sido sinónimo de grande.</p>
<p><strong>Topsy</strong>, <strong>Jumbo</strong>…, exacto, los elefantes suelen tener un nombre, y en Barcelona despuntan cuatro. El primer paquidermo del Zoo de Barcelona era <strong>L’Avi</strong>. Murió en 1915. Tanta pena causó la pérdida que el virrey de Marruecos, <strong>Muley Hafid</strong>, obsequió a la ciudad con <strong>Julia</strong>, una elefanta oronda, a la que algunos de los rapsodas del país incluso le dedicaron versos, que perdió sus voluptuosas curvas con la llegada de la guerra civil. Fueron muchos lo animales del zoo que murieron por inanición, pero al menos no corrieron la suerte de <strong>Cástor</strong> y <strong>Pólux</strong>, una pareja de elefantes que eran exhibidos en París en 1870 cuando la capital francesa fue sitiada por tropas prusianas. Aquella contienda pilló en la ciudad al escritor, político y homófobo <strong>Henry Laboucher</strong>e. “Ayer me comí un filete de <strong>Pólux</strong> durante la cena. <strong>Pólux</strong> y su hermano <strong>Cástor</strong> son dos elefantes que han sido sacrificados en París. El filete era duro y grasiento. No recomiendo a ninguna familia inglesa comer elefante mientra tenga a mano ternera o cordero”. Labouchere, en cualquier caso, no ha pasado a la historia como gourmet, sino por ser el autor de la andanada legislativa que condujo a <strong>Oscar Wilde</strong> a la cárcel por inmoral.</p>
<p>El tercer elefante que Barcelona jamás debería olvidar es <strong>Frankelo</strong>. En 1983, <strong>Joan Hortalà</strong>, entonces candidato de ERC a la alcaldía de la ciudad, fio buena parte de su campaña electoral al sorprendente efecto de que los votantes le vieran subido al lomo de un elefante, símbolo de los republicanos en Estados Unidos. A <strong>Hortal</strong>à todos sabemos como le fue. La historia de Esquerra es todo un <em>Ricardo III</em>. Siempre hay un duque de Gloucester dispuesto a hacerse con la corona, que al final termina recitando en mitad del campo de batalla su “Un caballo, mi reino por un caballo”. De <strong>Frankelo</strong>, por el contrario, solo se sabe por las crónicas de la época que venía de Alemania y que pasó aquellas mediterráneas noches de abril en el almacén que un militante del partido tenía en Cornellà.</p>
<p>Llego, por último y sn ánimo de ir a la greña, al último de los elefantes célebres de Barcelona. Es <strong>Susi</strong>. Puede que hayan oído hablar sobre ella, pues los grupos de defensa de los derechos de los animales la han convertido en un estandarte de sus luchas después de que (eso dicen) la insensibilidad de los biólogos y veterinarios del parque la hicieran enloquecer. Sobre esta cuestión prefiero no entrar en la cacharrería, pues esos mismos biólogos y veterinarios me han tratado estos días la mar de bien, e incluso me han invitado a próximos y bestiales apareamientos de los que, con permiso de <strong>Javier Belmonte</strong>, mi jefe, ya les contaré en las páginas de EL PERIÓDICO. Cuando lo haga, eso sí, de paso preguntaré por <strong>Susi</strong>, más que nada por simple prurito profesional.</p>
<p>Pongo fin aquí a esta errática excursión por la vida de algunos de los paquidermos de nuestra historia, cierro los ojos, como <strong>Asmar</strong>a, y entonces, aunque con menos éxtasis que la dragona, trato de imaginarme a ese elefante sin nombre que se encuentra cara a cara nada menos que con el <strong>Rey de España</strong>. Supongo que él también pertenece a un largo linaje en Botsuana, algo así como el último de los Austrias. El elefante, si murió, espero que lo hiciera con más dignidad que <strong>Carlos II</strong>. El <strong>Rey de España</strong>, ya lo saben, se disculpó. Aseguró que no lo volverá a hacer. No fue una frase estéticamente muy afortunada. No sé, yo hubiera preferido algo más shakesperiano. “Un elefante, mi reino por un elefante”.</p>
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		<title>&#8216;Nucky&#8217; Thompson y BCN</title>
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		<pubDate>Mon, 26 Mar 2012 17:42:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Xabier Barrena</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Lo malo que tiene bloguear de pascuas a ramos es que los ítems sobre los que afilar...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://cosasdelavida.elperiodico.com/wp-content/uploads/2012/03/PostNucky.jpg" class="liimagelink"><img class="alignright size-medium wp-image-1861" title="Kelly MacDonald y Steve Buscemi, ganadores del Globo de Oro por trabajo en Boardwalk Empire" src="http://cosasdelavida.elperiodico.com/wp-content/uploads/2012/03/PostNucky-199x300.jpg" alt="" width="199" height="300" /></a>Lo malo que tiene bloguear de pascuas a ramos es que los ítems sobre los que afilar la punta se amontonan. Algunos interesantes, otros simplemente maravillosamente esperpénticos.</p>
<p>Entre los primeros se halla, sin duda, el post de mi compañero de sección, y sin embargo amigo, <strong>Carlos Cols</strong>, titulado <a href="http://http://cosasdelavida.elperiodico.com/gran-barcelona/los-placeres-de-barcelona/" class="liexternal">Los placeres de Barcelona</a> en la que desgrana cronológicamente la bajada a los infiernos de esta Lulú desesperada que tenemos por ciudad.</p>
<p>Suscribe Cols, muy a su pesar, mi principal tésis, que se puede resumir en un <em>&#8220;A estas alturas del partido no podemos aspirar a nada más que a Eurovegas&#8221;</em>. Eso sí, como buen estratega militar, mi compañero ataca mi flanco débil. Dice Cols : <strong>&#8220; Así las cosas, discrepo de Barrena. El debate no es qué tipo de arquitectura sería aceptable para que Eurovegas encaje al ladito de Barcelona. (..) El debate es si queremos cambiar de profesión, con o sin Eurovegas.&#8221;</strong></p>
<p>Digo que mi flanco débil por cuanto mi referencia anterior no era más que una <em>boutade</em>, una forma de simbolizar hasta qué punto nos puede la estética a los barceloneses. Pero los hechos, una vez más, superan las <em>boutades</em>.</p>
<p>Así, la semana pasada apareció en un rotativo barcelonés (lamento no saber cuál, porque con esto de Twitter uno ya no sabe quién ha hecho qué) que el <em>millonetis</em> norteamericano que promueve el Eurovegas, Mr. Adelson, pensaba en levantar en ese emporio del juego una copia del nunca construido hotel que Antoni Gaudí proyectó para Nueva York. Proyectó por decir algo, más bien bosquejó, pero bueno, esto no viene al caso.</p>
<p>La noticia provocó, claro está, una catarata de indignación del tipo <em>&#8220;Con Gaudí no se juega&#8221;</em>. Entre otras muchas características, los catalanes nos distinguimos por sacralizar a todo quisqui. De Gaudí a Guardiola. <strong>&#8220;Gaudí no se toca&#8221;, </strong> dicen los guardianes de las esencias patrias. Y yo pregunto: ¿Por qué? A mi, por ejemplo, la obra de Gaudí me deja más bien frío. Su obra más famosa, la Sagrada Família, me parece algo horrendo que ahora, gracias a Josep Maria Subirachs, se está convirtiendo, además, en un pastiche inclasificable.</p>
<p>En resumen, que a mi entender, levantar esa mole en Eurovegas sería, sin duda, un atentado paisajístico, pero nunca una blasfemia, como algunos apuntan.</p>
<p>Y en estas estábamos cuando, en el congreso de CDC del pasado fin de semana, el president Artur Mas desgranó sus ambiciosos planes de futuro. No, no me refiero a Ítaca. Mas, Convergència, en definitiva, desea que Catalunya sea el Massachussets de los Estados Unidos de Europa. Lo primero que se me ocurre es que sería bueno que ello se supiera allende nuestras fronteras, presentes y futuras. Y después me asalta la duda. No será que el president, el que instiga que Eurovegas aposente sus reales en el Baix Llobregat, lo que quiere decir es que Catalunya será como la Costa Este de Estados Unidos, pero en miniatura? Piénsenlo. Barcelona como una Nueva York de bolsillo; Eurovegas como Atlantic City &#8211;todo un cambio, de Nevada a New Jersey&#8211; y Cerdanyola como el MIT, Harvard y el Boston College juntos.</p>
<p>Y vuelvo a Cols. Dice este: <strong>&#8220; El debate es si queremos cambiar de profesión, con o sin Eurovegas.&#8221;</strong> A mi me da que no ese el punto. Más bien creo que Barcelona es como una especie de meretriz que trata de aparentar que no lo es. Si alguien ha visto algún episiodio de la primera temporada de la serie televisiva <em>Boardwalk Empire</em>, de Martin Scorsese y ambientada, ¡Oh, casualidad!, en Atlantic City, Barcelona sería como Margaret Schroeder, la mantenida del gángster Enoch <em>Nucky</em> Thompson &#8211;el que maneja los hilos en la ciudad del juego. Schroeder, interpretada por Kelly Macdonald (en la foto junto con Steve Buscemi que borda el papel de <em>Nucky</em> Thompson), acepta el intercambio de cama por casa y comodidades sin perder, o al menos lo intenta, un ápice de su aire decente. Exactamente como Barcelona<a href="http://www.twitter.com/xabibarrena" class="liexternal">.</a></p>
<p>@xabibarrena<!-- Social Bookmarks BEGIN --></p>
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		<title>Los placeres de Barcelona</title>
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		<pubDate>Wed, 14 Mar 2012 20:03:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carles Cols</dc:creator>
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		<description><![CDATA[En abril del 2004 (pasados casi ocho años, creo que mi delito de cobardía ya ha prescrito)...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://cosasdelavida.elperiodico.com/wp-content/uploads/2012/03/lujo.jpg" class="liimagelink"><img class="alignnone size-full wp-image-1841" title="Prostitución de lujo." src="http://cosasdelavida.elperiodico.com/wp-content/uploads/2012/03/lujo.jpg" alt="" width="516" height="250" /></a></p>
<p>En abril del 2004 (pasados casi ocho años, creo que mi delito de cobardía ya ha prescrito) publiqué en este diario un reportaje que en mi archivo personal forma parte de la carpeta titulada <em>pero qué dice este bobo</em>. Ahí están mis textos incomprendidos, piezas por las que me dieron unas palmaditas en la espalda, como de aliento, de tú sigue nadando contra la corriente y te ahogarás. Es una carpeta, por cierto, bastante gruesa. La cuestión es que Barcelona presumía entonces ante el mundo entero de su exponencial crecimiento turístico sin que apenas se oyeran voces críticas sobre las consecuencias de celebrar una orgía sobre un lecho de billetes. A eso dediqué mi reflexión, pero como un pusilánime, expuesto así a que cuatro amigos me enviaran una pluma dentro de un sobre, titulé aquel reportaje <em><a href="http://especiales.elperiodico.com/comunes/graficosEEPI/ciudad-robada.pdf" target="_blank" class="lipdf">La ciudad robada</a></em>, cuando en verdad deseaba ir a por todas, llamar la atención, y que en letras bien grandes aquel texto fuera encabezado por una afirmación más directa: <em>Barcelona es puta</em>.</p>
<p>La esencia de aquel panfleto era exponer a qué precio los barceloneses estaban ofreciento su ciudad a los visitantes y, en segundo término, qué sueldos y condiciones laborales había detrás de esa gran saturnal. Nadie intuía entonces la crisis que se avecinaba. Por ello no está de más recordar, ya que el paso del tiempo todo tiende a confundirlo, que el mileurismo no nació con la crisis. El mileurismo es un efecto colateral de los años en que Barcelona tenía más puestos de trabajo que población en edad laboral. Puede parecer un contrasentido, algo absurdo, pero es tan triste como cierto. Los peores sueldos llegaron cuando más dinero entraba en la ciudad</p>
<p>A ese buceo en mi hemeroteca personal (pido disculpas si alguien ha intuido en ello algo de onanismo) me ha obligado la lectura de la <a href="http://cosasdelavida.elperiodico.com/sociedad/a-proposito-de-eurovegas/" target="_self" class="liinternal">última entrada</a> de <strong>Xabier Barrena</strong> en el blog de Gran Barcelona, un sólido escrito de acusación contra aquellos que consideran que el proyecto de Eurovegas no encaja con el ADN local, pues creen que eso no está en venta. Se equivocan. Lo que está en discusión solamente es el precio y la postura.</p>
<p>Barcelona hace tiempo que se entregó a uno de los negocios que peor redistribuyen la riqueza. Lo ha hecho, además, por fases. Primero fue la apertura de franquicias comerciales en las mejores esquinas de la ciudad, clónicas de las de cualquier otra capital del mundo. ¿Qué tienen en común las Ramblas, la avenida de los Champs-Élysées y Oxford Street? Efectivamente, en ninguno de esos paseos falta un Kentucky Fried Chicken. Siempre que pienso en ello recuerdo la batalla que en su día dieron los vecinos de la mexicana Oaxaca para evitar que su plaza colonial fuera conquistada por McDonald’s. <strong>¡Qué machotes!</strong></p>
<p>La segunda fase consistió en despertarse un día y creerse extranjero en su propia casa, que los precios en determinadas zonas de la ciudad no distinguen entre indígenas y forasteros, como sí hacen por ejemplo, en Roma. <strong>¡Qué pillos!</strong></p>
<p>La tercera fase pudo ser en un primer momento casi imperceptible. Era una vaga sensación de que antes de que llegara la crisis los locales comerciales más alejados de las zonas turísticas cedían el paso a establecimientos cada vez más sencillos a la par que baratos, no por gusto, sino por necesidad, pues una ciudad que cultiva el mileurismo como quien riega tomates se expone a eso. <strong>¡Qué burros!</strong></p>
<p>Es cierto que quedan en Barcelona tiendas únicas, irrepetibles, lugares en los que apetece perderse solo por mirar, pero la excepción no invalida la regla. Barcelona vendió su cuerpo hace ya años a un enorme negocio que, es cierto, claudico absolutamente ante ello, ahora que la crisis castiga duramente a ciudades fuera de cualquier ruta turística, parece ser una tabla de salvación afortunada, un maná, una mina de diamantes, pero en realidad es solo un oficio muy viejo, el más antiguo de la historia de la humanidad, dicen. Así las cosas, discrepo de <strong>Barrena</strong>. El debate no es qué tipo de arquitectura sería aceptable para que Eurovegas encaje al ladito de Barcelona. Ni siquiera si un parque temático de las ludopatías en compatible con el modelo turístico barcelonés. El debate es si queremos cambiar de profesión, con o sin Eurovegas.</p>
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		<title>A propósito de Eurovegas</title>
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		<pubDate>Mon, 12 Mar 2012 16:28:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Xabier Barrena</dc:creator>
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		<description><![CDATA[En esta parte del Mediterráneo hay cierta tendencia a pensar que Dios creó el mundo en seis...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://cosasdelavida.elperiodico.com/wp-content/uploads/2012/03/Adelson.jpg" class="liimagelink"><img class="alignleft size-medium wp-image-1803" title="Adelson" src="http://cosasdelavida.elperiodico.com/wp-content/uploads/2012/03/Adelson-300x199.jpg" alt="" width="300" height="199" /></a>En esta parte del Mediterráneo hay cierta tendencia a pensar que Dios creó el mundo en seis días y en el séptimo, por la mañana, hizo Barcelona. Frecuentemente los pensamientos de no pocos intelectuales y políticos dejan entrever una suficiencia, cuando no prepotencia, que, mirado en perspectiva, provoca hilaridad. Pongamos por caso el tema del mes, la posibilidad de que <strong>Eurovegas</strong> instale sus reales en esta ciudad. </p>
<p>Vaya por delante que a mí, el proyecto en sí, no me despierta ningún tipo ni de simpatía ni de antipatía. Justo lo contrario. Dicho lo cual, debo decir que he asistido estupefacto a la retahíla de opiniones contrarias a un proyecto del que apenas se sabe nada y lo poco que ha trascendido tiene más de rumor que de noticia. </p>
<p>De modo resumido podría decirse que lo que comparten estos opinautas es la profunda creencia de que Eurovegas no encaja con el ADN de Barcelona. Si se me permite el símil futbolístico, suena a un poco a exquisitez guardiolesca. E, implícitamente, estos mismos intelectuales dan por bueno que la inversión norteamericana acabe en Madrid. Claro, allí si que cuadra. Con lo horteras y especuladores que son.   </p>
<p>¿Y qué encajaría con el noble y casi sagrado <strong>ADN barcelonés</strong>? No se sabe exactamente, estaríamos a medio camino de un Silicón Valley, quizá algo supercultural, o una mezcla de ambos. Algo que refuerce la imagen de ciudad puntera de los negocios… </p>
<p>Es una lástima que la imagen que se tiene de la ciudad, y del país, no sea ésta. Habría que ir aceptando que el lugar de Barcelona en el mundo, lo que se espera de nosotros, es, justamente, aquello por lo que nos vienen a buscar. Sol, playa, ocio. ¿Será que los extranjeros nos tienen ojeriza? Quizá sí. Pero…¿qué se ha hecho de provecho en 35 años de gobiernos democráticos para erradicar esa imagen? Poco o nada. </p>
<p><strong>Silicon Valley.</strong> Ya. Seguro.</p>
<p>La semana pasada un insigne alcalde metropolitano, fuera de micrófono, desgranó cuatro datos de su ciudad. Un paro galopante que se acerca al 30%. Y de estos parados, solo el 10% tiene estudios superiores. “Un Silicon valley no me soluciona el problema”, afirmó. Eurovegas, sí. Y es que ante el discurso de la exquisitez que destila la <em>intelligentsia</em> barcelonesa se opone la dura realidad de la crisis.</p>
<p>Item más. En el plano estrictamente urbanístico y ambiental. Soy el primero al que una réplica de la Torre Eiffel en el <strong>Baix Llobregat</strong>, como el que hay en Las Vegas, le provocaría urticaria. Pero eso tiene fácil solución. Hay que poner en contacto a Mr. Adelson con los arquitectos locales, esos que ahora mismo se pelean en el barro por proyectos como el de las 16 Portes de Collserola. Cosas de la crisis. Seguro que tendríamos unos edificos muy chulos, con mucho acero <em>corten</em> y mucho hormigón con cristal. Muy de <em>disseny</em><strong>. </strong>Léase <em>diseni</em></p>
<p> Aunque supongamos que no sea así. Que Adelson, como ocurrió en Diagonal Mar, se trae su arquitecto de cabecera. Acaso tenemos miedo de que el conjunto desentone con la urbanización que los exquisitos barceloneses hemos hecho del litoral? O con la plaza Europa de <strong>L’Hospitalet</strong>?</p>
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		<title>Derecho a pataleo</title>
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		<pubDate>Tue, 06 Mar 2012 10:21:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Márquez Daniel</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Permítanme una anécdota antes de entrar al trapo. Ya les advierto que se trata de una historieta menor, pero va muy bien para introducir el asunto que sigue después. Hará unos ocho años, un grupo de amigos de toda la vida pasamos un fin de semana en el Vall d’Aran. El primer día fuimos a comer a un restaurante de carretera muy apreciado por su parrilla. Olga, la mujer de Marc, pidió de segundo una butifarra con unas seques estupendas que quiso cambiar por patatas fritas. Creo recordar que de primero compartimos unas ensaladas. Iba a ser uno de esos mediodías que uno no quiere que terminen nunca, de jiji jaja, anécdotas de infancia, griterío y repaso malévolo de novias y novios que nunca nos cayeron bien. Ya con la carne sobre la mesa, y con medio plato devorado, Olga se llevó una sorpresa mayúscula cuando en un decidido mordisco se encontró un tornillo del tamaño de un pendrive de bolsillo. ¿Cómo había llegado ese hierro ahí dentro? Por suerte, no se hizo daño ni se lo tragó. Lo escupió en el plato y se hizo el silencio. El primero en abrir la boca fue su marido. &#8220;¡Joder!&#8221;, resumió. Llamamos al camarero y este a su vez llamó al encargado que a su vez llamó al propietario. Nos pidió disculpas, se sacudió la responsabilidad de encima alegando que la carne llega así, sin que ellos toquen nada, y se fue, convencido de que habíamos entendido que estas cosas pasan. Olga no se terminó el plato. Hicimos mucha broma. Siguió la fiesta. Después del postre, el jefe nos regaló unos chupitos y todos nos quedamos tan contentos. Menudo negocio, ¿no?</p>
<p>Todavía hoy, con ese grupo de amigos, recordamos esa anécdota y nos da cierta vergüenza. Hombre, no era para fusilar al cocinero, pero… ¿cómo pudimos pasar tan por alto que Olga estuviera a punto de tragarse un tornillo? ¿Cómo nos pusimos tan joviales con un simple vasito de limoncello gratis?</p>
<p> El derecho a pataleo es un arte cuyo éxito reside en la justa proporción de su ejecución. Aquí sabemos poco o nada de eso. El ejemplo de la botifarra, ya se lo advertí, es una tontada, pero sirve para ilustrar cómo nos comportamos en situaciones en las que es de recibo indignarse.</p>
<div id="attachment_1733" class="wp-caption alignleft" style="width: 328px"><a href="http://cosasdelavida.elperiodico.com/wp-content/uploads/2012/03/poblenou.jpg" class="liimagelink"><img class="size-medium wp-image-1733  " title="Dos vecinos de Poblenou se calientan con una estufa de butano, durante el apagón de gas." src="http://cosasdelavida.elperiodico.com/wp-content/uploads/2012/03/poblenou-300x209.jpg" alt="Dos vecinos de Poblenou se calientan con una estufa de butano, durante el apagón de gas." width="318" height="221" /></a><p class="wp-caption-text">Dos vecinos de Poblenou se calientan con una estufa de butano, durante el apagón de gas.</p></div>
<p>Una avería causada por unas obras en la vía pública deja a 4.500 familias sin gas, o sea, sin agua caliente ni calefacción, en Poblenou. La noticia la leyeron hace un par de semanas a través de las <a href="http://www.elperiodico.com/es/noticias/barcelona/una-fuga-agua-deja-sin-gas-poblenou-plena-ola-frio-1410362" target="_blank" class="liexternal">crónicas</a> de la compañera Helena López. En verano, esto es un reportaje de cómo los barceloneses se asean con agua fresquita; con ese niño que tirita mientras su madre le arropa y le dice aquello de “ai, josepet, antes la abuela se duchaba cada día así”. En invierno, sin ser una tragedia de dimensiones bíblicas, es una putada, no tiene otro nombre. La compañía del gas invitó a los gélidos residentes a que compraran estufas. Luego ya se las pagarían. O eso les dijeron. ¿Perdón? ¿Ustedes me dejan sin gas durante los días más fríos del año y lo único que tengo es un acto de fe y un punto de información en el centro deportivo Can Felipa donde gente pagada por Gas Natural me dice que guarde los tíquets y que, si así lo deseo, aunque no me lo ponen fácil,  presente una reclamación en Comerç? ¿Se han preguntado qué pasará el día que, Dios no lo quiera, ustedes no puedan pagar la factura? Cuando eso suceda, que seguro que no pasará, pongan ustedes un punto de información en el rellano de casa. Pónganse una camiseta con el apellido de la familia cosido en el corazón. Y cuando llegue el técnico o el cobrador del frac, le invitan a que vaya guardando las facturas, que ya le dirán algo. Y que gracias por venir; no vayan a perder los modales.</p>
<p>No hay cultura de la pataleta. Ni se fomenta. El ayuntamiento estuvo al pie del cañón, cierto, pero en ningún caso le montó un pollo a la empresa; en ningún caso exigió a la compañía que comprara 4.500 estufas y 4.500 mantas &#8211;de las buenas, no de esas roñosas de avión&#8211; y las repartiera entre los afectados. Eso sí, se abrió un expediente, ese formalismo que se sabe cómo empieza pero casi nunca cómo acaba. Xavier Trias dijo en la tele catalana que la batalla por la responsabilidad entre Endesa y Gas Natural “le enfada”. “Espero y deseo que dejen de pelearse y que trabajen duro para que las cosas vayan bien”, dijo. Y así, con esa frase que tanto sirve para este incidente como para comentar una pelea en el vestuario del Barça o una riña entre dos niños de P-3, el alcalde de las personas optó por calmar los ánimos y, por qué no decirlo, no enfadar a importantes patrones con las que el ayuntamiento colabora en distintos ámbitos.</p>
<p>Si todavía no sienten la llamada de la pataleta, ahí van un par de datos que quizás ayuden. Entre enero y septimebre del 2011, Gas Natural tuvo un beneficio de 1.114 millones de euros. En ese mismo periodo, Endesa no solo logró cubrir gastos sino que ganó la friolera de 1.978 millones de euros. ¿Se podían permitir unas estufas para Poblenou? Por supuesto. Y un piso para cada familia, si era menester. Quizás el problema fuera elegir el aparato adecuado para los vecinos. En ese caso, sírvanse, señores del gas y la luz, de consultar este <a href="http://www.elcorteingles.es/tienda/electrodomesticos/browse/category.jsp?categoryId=999.826&amp;navAction=push&amp;navCount=0&amp;addFacet=9004%3A999.826" target="_blank" class="liexternal">enlace</a> a unos grandes almacenes, donde tengan por seguro que tendrán estoc de sobra para cubrir futuras averías.</p>
<div id="attachment_1731" class="wp-caption alignleft" style="width: 310px"><a href="http://cosasdelavida.elperiodico.com/wp-content/uploads/2012/03/gasnatural.jpg" class="liimagelink"><img class="size-medium wp-image-1731" title="Anuncio de Gas Natural, con el drama familiar, frente a la Bolsa de BCN." src="http://cosasdelavida.elperiodico.com/wp-content/uploads/2012/03/gasnatural-300x224.jpg" alt="Anuncio de Gas Natural, con el drama familiar, frente a la Bolsa de BCN." width="300" height="224" /></a><p class="wp-caption-text">Anuncio de Gas Natural, con el drama familiar, frente a la Bolsa de BCN.</p></div>
<p>Admitamos, además, que el último anuncio de Gas Natural tampoco ayuda. <a href="http://www.youtube.com/watch?v=Cz2_w2ucmuU" target="_blank" class="liexternal">El hombre enjabonado </a>de años anteriores era una escena graciosa, muy humana. El tipo resultaba simpático y ese movimiento armónico por el pasillo era la mar de divertido. Pero lo de esta temporada, con una familia que vive <a href="http://www.youtube.com/watch?v=UJJXLac1fm8" target="_blank" class="liexternal">un auténtico drama</a> cuando se acaba el agua caliente, parece una TV movie basada en la historia reciente de Poblenou. “He sido yo”, dice la suegra con chulería. Aplicado a la noticia, unos dirían “ha sido Gas Natural”, y los otros, “ha sido Endesa”.</p>
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		<title>Italia y Barcelona</title>
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		<pubDate>Thu, 01 Mar 2012 17:07:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Xabier Barrena</dc:creator>
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		<category><![CDATA[SlideShow]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://cosasdelavida.elperiodico.com/wp-content/uploads/2012/03/Dallaymorandi.jpg" class="liinternal"></a></p>
<div id="attachment_1753" class="wp-caption alignright" style="width: 310px"><a href="http://cosasdelavida.elperiodico.com/wp-content/uploads/2012/03/Dallaymorandi1.jpg" class="liimagelink"><img class="size-medium wp-image-1753" title="Lucio Dalla y Gianni Morandi, en San Remo, en 1988" src="http://cosasdelavida.elperiodico.com/wp-content/uploads/2012/03/Dallaymorandi1-300x178.jpg" alt="Lucio Dalla y Gianni Morandi, en San Remo, en 1988 " width="300" height="178" /></a><p class="wp-caption-text">Lucio Dalla y Gianni Morandi, en San Remo, en 1988 </p></div>
<p>En una de las varias cenas navideñas a las que asistí hace un par de meses, uno de los motivos de chanza (siempre simpática) fue la presencia de un italiano. Nos reímos todos con la colección de tópicos al uso. En un momento de la cena, uno de los asistentes clamó &#8220;Es que de Italia siempre nos llega lo peor: Raffaella Carrá, Laura Pausini&#8230;&#8221;.</p>
<p>Al día siguiente, en la recepción también navideña del alcalde Xavier Trias, me topé con uno de sus colaboradores. Llevaba un CD en la mano. Era una grabación del &#8216;Come Sinfonia&#8217; de Pino Donaggio. Alabé el buen gusto del alcalde y me fui murmurando que quizá no, que no solo lo peor de Italia llegaba a Barcelona.</p>
<p>Un par de días después, paseando por Gràcia, o quizá debería de decir &#8216;persiguiendo la noticia&#8217; ni que fuera para justificar el sueldo, entré en &#8216;Le Nuvole&#8217;, una muy recomendable librería italiana sita en la calle de Sant Lluís, 11. Hablé con una de las propietarias. lamento no recordar si era  Cecilia Ricciarelli o bien Francesca Coradeschi. El negocio aguanta, dijo, sobre todo, por la clientela autóctona y por los consejos a los alumnos que estudian italiano en el Istituto Italiano de Cultura, el del pasaje de Méndez Vigo. Me quedé más tranquilo. Torrebruno no es el principal icono italiano en Barcelona. </p>
<p>Aunque me quedé con una duda: &#8220;¿Y los italianos?, hay muchos en Barcelona&#8221;, le dije a Francesca (o Cecilia). Ella torció el gesto y sentenció &#8220;Gli italiani sono cani sciolti&#8221;, es decir, van a la suya. Salí de la tienda con el último libro de Alessandro Baricco bajo el brazo. El último que ha publicado y el último que les quedaba en &#8216;Le Nuvole&#8217;.</p>
<p>Todo esto me viene a la cabeza ahora a la cabeza tras conocer la muerte del gran Lucio Dalla.</p>
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